martes, 8 de enero de 2013

Diccionario filosófico. Razón


El término “razón”, como alma, mente, intelecto, entendimiento, espíritu, conciencia, tienen un significado filosófico pero no científico. Son conceptos metafísicos sin ningún significado contrastado (como otros a los que he aludido en este blog).


El concepto de razón tiene diferentes definiciones según sea el autor, corriente o escuela. Para el pensamiento griego, desde Heráclito, el término usado para designar la razón era Lógos; sin embargo, debería traducirse más bien por palabra, habla o más genéricamente lenguaje; el equivalente latino es “Verbum”. Nada tienen que ver los conceptos de razón en el racionalismo continental del XVII (Spinoza), la Ilustración (Kant), el Romanticismo (Hegel) o el Positivismo contemporáneo (Popper). Obviamente no podemos ocuparnos del significado histórico del término.


Intentaremos analizar empíricamente el concepto de razón, emblema de la filosofía, desde tres puntos de vista complementarios: el razonamiento, la inteligencia y el lenguaje.


Se suele afirmar que el hombre es un animal racional porque es capaz de razonar, de producir razonamientos. El razonamiento es una forma de conocimiento inversa a la intuición: por la intuición obtenemos la solución de un problema de forma inmediata o “de golpe”, por el razonamiento de forma indirecta o mediata, es decir, mediante uno o más pasos. El famoso principio de Descartes Je pense, donc je suis consta de uno solo. El razonamiento es una de las funciones del pensamiento (otras son la formación de conceptos, la solución de problemas, la toma de decisiones, la creatividad, el pensamiento crítico y las estrategias metacognitivas) que se caracteriza porque se produce la transición de unos conocimientos previos que tomamos como punto de partida a la solución. Hay tres tipos básicos de razonamiento: inductivo (va de lo particular a lo general: las generalizaciones), deductivo (va de las premisas a la conclusión: las explicaciones), predictivo (va de las premisas a la anticipación de la experiencia: las predicciones).


Por tanto, podemos afirmar que el hombre es un “animal racional” porque tiene la capacidad de razonar, de construir razonamientos, pero no es correcto decir que lo es porque está dotado de razón. La razón no es ninguna facultad del conocimiento humano. La psicología actual no la incluye en su lenguaje teórico ni observacional. Los procesos cognitivos de que se ocupa son:

- Informativos: sensación, percepción y aprendizaje.

- Representativos: memoria.

- Intelectivos: pensamiento, inteligencia y lenguaje.


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La inteligencia es la capacidad individual para resolver de manera eficaz y fiable los problemas adaptativos que plantea el medio ambiente. Con frecuencia se vinculan los conceptos de razón (metafísico) e inteligencia (empírico) porque se considera que la racionalidad humana (otro término oscuro y confuso) es el resultado de la convergencia de los diferentes tipos de inteligencia evolutiva que aparecieron durante el proceso de hominización: instrumental, simbólica, lógica, emocional y social.  


- Instrumental. Capacidad para la manipulación y fabricación de útiles y herramientas.

- Simbólica. Capacidad para comunicarse mediante signos lingüísticos.

- Lógica. Capacidad de utilizar el pensamiento abstracto y sus funciones.

- Emocional. Capacidad de interactuar con el mundo mediante habilidades como el autocontrol, la motivación, la empatía, la compasión, el interés o el altruismo.

- Social. Capacidad de interactuar en el marco de una cultura como centro del programa vital del hombre.


Pero no podemos identificar ni asimilar inteligencia y razón por tratarse de conceptos heterogéneos; tampoco explicar una por otra o viceversa. Si lo hiciéramos, la razón sería, dicho “en kantiano”, la síntesis final de los cuatro tipos de inteligencia evolutiva: una unidad absoluta que va más allá de la experiencia y una idea metafísica sin validez en el plano del conocimiento. A pesar de las limitaciones de la psicología como ciencia, no es lo mismo la inteligencia (un término definido, clasificado y medido) que la razón (un constructo especulativo).


Las investigaciones empíricas van precisamente en la dirección opuesta. No se busca la unificación de las grandes modalidades de la inteligencia en una síntesis final, sea esta la razón o un hipotético factor general G, sino su división en un conjunto de factores independientes susceptibles de ser evaluados mediante pruebas estándar. Así, la inteligencia simbólica constaría de aptitudes como la expresión, comprensión, precisión y fluidez verbal.


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Decía Wittgenstein, por último, que usar un término o expresión es formularlos en el entorno lingüístico que les corresponde, es decir, en el contexto donde adquieren su significado correcto. Lo que importa son las reglas válidas del uso. Los términos y expresiones del lenguaje están bien como están y no hay que tocarlos... aunque pueden ser malentendidos. En realidad, dice Wittgenstein, sin malentendidos no existirían problemas filosóficos. Si la comprensión de los usos del lenguaje fuera siempre impecable y nunca se incurriera en confusiones sobre las reglas gramaticales no habría preguntas metafísicas. Los enredos surgen cuando "el lenguaje se va de vacaciones".


Esto supone que debemos indagar en qué situaciones es posible usar correctamente el término “razón”: por ejemplo, tener o llevar razón, perder la razón, la razón o causa de algo, dar razones a favor o en contra, razonar un argumento… Y en qué situaciones no es válido hacerlo: por ejemplo, cuando forzamos y pasamos del uso coloquial al filosófico. El resultado no es plantear un problema profundo sino crear un embrollo donde no lo había (los embrollos del lenguaje no pueden ser resueltos sino disueltos).

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